Lunes, 23 de abril de 2007
Por la ciudad callada el ni?o pasa.
No hacen ruido las voces, ni los pasos.
Es un ni?o peque?o en su bicicleta.
Atraviesa la calle majestuosa, enorme, cruzada por los lentos tranv?as.
Y sortea carruajes, carros finos, cuidados.
Y va suavemente con las manos al aire, casi dichoso.
De pronto, ?qu?? S?, el gran parque
que se lo traga.
?C?mo pedalea por la avenida central, rumbo al lago!
Y el ni?o quisiera entrar en el agua, y por all? deslizarse, ligero sobre la espuma.
(?Qu? maravillosa bicicleta sobre las aguas, rauda con su estela lev?sima!
?Y qu? desviar por las ondas, sin pesar, bajo cielos!...).
Pero el ni?o se apea junto al lago. Una barca.
Y rema dulcemente, muy despacio, y va solo.
All? la estatua grande sobre la orilla, y en la otra orilla el sue?o bajo los ?rboles.
Suena el viento en las ramas, y el ni?o se va acercando.
Es el verano puro de la ciudad, y suena el viento all? quedamente.
Sombras, boscaje, oleadas de sue?o que cantan dulces.
Y el ni?o s?lo se acerca y rema, rema muy quedo.
Est? cansado y es leve. Qu? bien la sombra bajo los ?rboles.
Ah, qu? seda o rumor... Y los remos penden, meci?ndose.
Y el ni?o est? dormido bajo las grandes hojas,
y sus labios frescos sue?an..., como sus ojos.

Historia del coraz?n. La mirada infantil. Vicente Aleixandre
Publicado por daliito @ 8:29
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