Viernes, 20 de abril de 2007
Como un ni?o que en la tarde brumosa va diciendo su lecci?n y se duerme.
Y all? sobre el magno pupitre est? el mudo profesor que no escucha.
Y ha entrado en la ?ltima hora un vapor leve, porfiado,
pronto espes?simo, y ha ido envolvi?ndolos a todos.
Todos blandos, tranquilos, serenados, suspiradores,
ah, cu?n verdaderamente reconocibles.
Por la ma?ana han jugado,
han quebrado, proyectado sus l?mites, sus ?ngulos, sus risas, sus imprecaciones, quiz? sus lloros.
Y ahora una brisa ino?ble, una bruma, un silencio, casi un beso, los une,
los borra, los acaricia, suav?simamente los recompone.
Ahora son como son. Ahora puede reconoc?rseles.
Y todos en la clase se han ido adurmiendo.
Y se alza la voz todav?a, porque la clase dormida se sobrevive.
Una borrosa voz sin destino, que se oye y que no se supiera ya de qui?n fuese.
Y existe la bruma dulce, casi olorosa, embriagante,
y todos tienen su cabeza sobre la blanda nube que los envuelve.
Y quiz? un ni?o medio se despierta y entreabre los ojos,
y mira y ve tambi?n el alto pupitre desdibujado
y sobre ?l el bulto grueso, casi de trapo, dormido, ca?do, del abolido profesor que all? sue?a.

Historia del coraz?n. La mirada infantil. Vicente Aleixandre.
Madrid: Espasa-Calpe.
Publicado por daliito @ 23:29
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